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La tecnología y el riesgo escénico fueron las características del Festival Internacional Cervantino (fic) en su edición número 37: este año la apuesta de la fiesta del espíritu se caracterizó por las innovaciones escénicas de las nuevas tecnologías al servicio del teatro contemporáneo.
Con esta fórmula, la presencia de los espectáculos teatrales fue construida y complementada a través de circo, danza, cine, video-instalación, escenografías aéreas, multimedia, arte–objeto, pantomima y pirotecnia. Estos elementos resultaron básicos para la construcción dramática de la mayoría de las agrupaciones participantes, no sólo en las calles, sino también en los foros y espacios cerrados.
Sorprendió por igual la impresionante compañía de Lituania Meno Fortas, encargada de cerrar el festival con su Hamlet, absolutamente moderno y poderoso tanto en lo visual como en sus actuaciones. Respetando la estructura original, crea una mezcla óptima del teatro clásico con el moderno a través de los tres estados del agua: sólido, líquido y gaseoso, dentro de la edificación dramática de la obra, marcando las intensidades y emociones de la misma.
También emocionó el teatro diseñado al aire libre para un público masivo capaz de apreciar y percibir un espectáculo desde cualquier óptica y ángulo: esa fue la propuesta de los alemanes de la compañía Pan Optikum con La sensación del balón. Apoyándose en escenarios metálicos móviles, multimedia, música electrónica y pirotecnia, cautivaron en la explanada Pastitos a miles de espectadores. La analogía entre un partido de futbol por ganar la copa del mundo y el triunfo a la vida resultó convincente tanto en el discurso dramatizado como en la propuesta visual, pocas veces vista en este país.
Por su parte, el emblemático teatro callejero de Guanajuato perseveró en la tradición con los entremeses cervantinos en San Roque hasta el cierre del festejo cultural.
Hicieron lo propio el colectivo Pato de Hule, con Alebricalles, y la compañía zacatecana de teatro de calle en la plaza San Fernando, con su Viaje a la Luna, sin olvidar a la compañía Biznaga Teatro apoyada en su performance: Intervención comando cultural astronómico, con motivo de los 400 años del telescopio y las aportaciones de Galileo Galilei, en días pasados.
Quebec, invitado de honor, cerró el festival con dos propuestas originales y atrevidas. Por un lado brilló la agrupación Ex Machina con El proyecto Andersen, montaje original basado en el lado oscuro del famoso escritor Hans Christian Andersen, evocando sus miedos, carencias y soledades, inspirado en técnicas visuales que van desde el cine, pasando por el video y hasta proyecciones simulando un plano secuencia. Esta singular obra recuerda la interesante fusión del cine con el teatro de los chilenos Teatro Cinema, con la obra Sin sangre, referencia obligada tanto para cineastas como para directores de teatro.
Y, por otro lado, cautivó Le Carrousel Compagnie Théâtre con El ruido de los huesos que crujen. Directa y profunda historia para niños con temas de adultos. La guerra contada desde una visión de dos niños soldados, bajo un esquema construido a dos voces. A cargo de este proyecto está la dramaturga Suzanne Lebeau, considerada la máxima representante del teatro juvenil en el mundo. Esta actriz, directora y productora (quien impartió talleres la semana pasada en la Universidad de Guanajuato) apuesta con su obra a sensibilizar conciencias.
El Cervantino cumplió como plataforma didáctica, sensitiva y artística durante tres semanas de intenso trabajo escénico. Por estas razones continúa siendo el tercer festival más importante del mundo. ¡Hasta el próximo año fic!
cosmemo@yahoo.com